Vivir la vida como maratonista

Una de las razones que esgrimo para vivir mi vida como la vivo es porque quiero inspirar, servir, trascender. A mi interés por trascender lo he desvestido de ego, al haber llegado a entender que nuestra inmortalidad en la vida de las personas está construida con cosas absolutamente sutiles, casi que imperceptibles por la mente, como dice El Principito, cosas que sólo se ven con el corazón, porque “lo esencial es invisible a los ojos”.

Varios pequeños eventos y referencias, me han hecho entender que a diario estamos trascendiendo, estamos construyendo nuestra propia inmortalidad… Basta con pequeños actos, genuinos y desde el corazón, y no desde la cabeza… Me he dado cuenta que cuando de manera desinteresada y compasiva ayudamos a alguien, cuando ofrecemos una sincera sonrisa o una genuina frase bonita, o hacemos una sugerencia amorosa, estamos sirviendo… Y el haber dado de manera genuina, puedo decir que genera una sensación gratificante como pocas.

El otro día leía que “el deseo de ayudar a otros, aún a nuestro costo personal, es tan necesario para nosotros, que lo experimentamos como una de nuestras principales actividades placenteras, tan esencial y placentera como comer y tener sexo!!

Así, son actos como ésos, los que construyen nuestra inmortalidad en la vida de esos a quienes les dimos de nosotros.

Una de las recientes referencias, la encontré en mi lectura de un texto del libro Confesiones de un Cheff de Anthony Bourdain (reconocido cheff de la industria restaurantera en Manhattan que hace el programa de televisión Sin Reservas en el canal Travel & Living), donde decía cuando descubrió que cocinar era lo que quería hacer en la vida que: “La cocina es poder. Poder para inspirar, asombrar, provocar, excitar, deleitar, deslumbrar. Poder para darme gozo a mí y a los demás.”… y eso, eso es servir. Lo que quiero decir es que en cualquier ámbito laboral, el servicio que verdaderamente inspira es cuando la función se desarrolla por el placer que genera darle gozo a otros.

Otra referencia que recuerdo, tiene que ver con alguien que me escribía alguna vez, que le costaba mucho trabajo acercarse a mi visión del mundo todo es bello y todo ocurre por alguna razón, y que independiente de eso deseaba con toda su alma que me fuera bien. A eso yo le dije que lo más bonito y evidente para mí, era que entrelíneas lo que yo leía era que él esperaba que a mí me fuera bien porque pensarlo así era esperanzador… Y sentí que el que  esa persona tuviera esperanza de que la vida sí se puede ver así, hacía que yo me constituyera en una inspiración suya, y me sentí muy bien, sólo por el hecho de que alguien mantenga viva la fe de que puede tener una vida más sosegada y feliz.

Para terminar de sumar a las muchas formas de inspirar que encuentra uno en la cotidianidad, la más reciente, fue cuando corrí hace apenas un par de semanas mi primera media maratón, mis primeros 21Km corriendo sin parar.

Una de las cosas que más me conmovía durante todo el trayecto era cómo se volcaban a las calles cientos de personas a vernos correr, y se emocionaban, nos azuzaban, nos incitaban a seguir, nos apoyaban, nos enviaban fuerza, “querían que nos fuera bien”… era muy bonito… En los últimos kilómetros de la carrera eso cobraba mayor valor… Para mí, era evidente cuán inspirador era para ellos ese grupo de personas que además de todo llamaban “campeones”… Y no puedo negar que me sentí gratamente enaltecida.

Lo que yo me preguntaba al escucharlos con tanta emoción, era por qué si éste es un plan abierto para todos, y si generaba tal éxtasis, por qué no eran ellos quienes hacían también parte de esto?

Y pensé que así funciona todo en la vida… Unos hacen las cosas y otros las ven hacer… Estadísticamente hablando, la referencia es la famosa Campana de Gauss… La mayoría está en lo grueso de la campana, y en las colas, están los que deciden ser del porcentaje de un dígito (por no poner un número exacto) de la población… Por supuesto hablo de la cola del desempeño excepcionalmente positivo… Olvidémonos de la otra cola J

Sólo un pequeño porcentaje, de los jugadores de golf se hacen un Tiger Woods, o en tenis un Rafael Nadal… Sólo un pequeño porcentaje de parejas tiene relaciones plenas, porque sí las hay. Y eso me recuerda la respuesta a un amigo cuando me preguntaba que en mi negocio qué porcentaje llegaba a ese nivel anhelado en el que puede decirse que se alcanza libertad financiera. Sí, también el porcentaje es de un dígito…

Lo que es claro es que quienes han llegado a hacer parte de esa proporción, en todos los ámbitos que he mencionado, lo han hecho por decisión, no por azar. Son los que corren una media maratón, los que deciden ser el mejor en su disciplina, ya sea un deporte o un talento artístico, los que se lanzan a la independencia laboral o son los que construyen una relación absolutamente satisfactoria. Todos esos, lo hacen por decisión.

Estoy leyendo un libro cautivante por su –yo diría- sentido filosófico del correr. El libro se llama De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami, escritor japonés que tras dejar el local de jazz que tenía, para dedicarse exclusivamente a escribir, comienza también a correr. En el libro “reflexiona sobre la influencia que este deporte ha ejercido en su vida y en su obra”.

Así, mientras lo leía no podía compartir más su forma de comparar lo que hay tras la decisión de correr y el sentido que para un corredor tiene la actividad, con el ubicarse en esa pequeña proporción de la que hablaba, en todos los ámbitos de la vida. 

Me sentí complacida de ver que toda una amateur como yo en estas lides del correr, entendiera el sentido filosófico que transmite. 

Una de las cosas que más me gustó de lo que dice, es que correr es un deporte donde la competencia es con uno mismo: “a los corredores de fondo no les importa demasiado que otro corredor les supere o superar a otros durante la carrera… La mayoría de los corredores suele afrontar las carreras fijándose de antemano un objetivo concreto: «esta vez intentaré hacerlo en tal tiempo» (…)”… y al final no importa si lo consiguieron o no. “Si al acabar sienten la satisfacción de haber hecho todo lo posible, si experimentan una reacción positiva que les vincule con la siguiente carrera, la sensación de haber descubierto algo grande, tal vez ello suponga ya, en sí mismo, un logro…. El orgullo (o algo parecido) de haber conseguido terminar la carrera es el criterio verdaderamente relevante para los corredores de fondo”.

Me gustó más aún como hila esto con su carrera, y me sentí identificada en mi carrera como empresaria en desarrollo de mi negocio: “Lo mismo cabe decir respecto del trabajo. (…) Tal vez el número de ejemplares vendidos, los premios literarios, o lo buenas o malas que sean las críticas constituyan una referencia de los logros obtenidos, pero no los considero una cuestión esencial. Lo más importante es si lo escrito alcanza o no los parámetros que uno mismo se ha fijado, frente a eso no hay excusas.” Dice sobre cuando terminó la primera novela que escribió y la envió a un concurso para escritores noveles: “Y es que a mí, más que si mi obra llegaba o no a ver la luz, lo que me interesaba era el hecho de concluirla”. Valga la pena mencionar que con esa novela ganó el concurso y que este autor fue uno de los candidatos al premio Nobel de Literatura el año pasado.

Correr es una metáfora útil para subir el propio listón de los logros, pues al superarlos, nos superamos nosotros mismos. La competencia es con nosotros mismos. De eso se trata la vida. Es una carrera de resistencia (la resistencia cardiorespiratoria es la capacidad del cuerpo para sostener ejercicios prolongados rítmicos)… Sostenerse, siempre con el propósito de dominar un arte, viviéndolo en paz, gozo y deleite.  Sostenerse por el orgullo de terminar algo con gallardía… no sostenerse por sostenerse, ni por demostrarle nada a nadie, ni por permanecer en el statu quo

Entendí que decidir correr la carrera de la vida, buscando el dominio de ésta como lo he mencionado, tiene un enorme valor, y es lo que hace que nuestra vida sea fuente de inspiración para muchos. Así es como trascendemos en vida, es esa la inspiración que nos hace verdaderamente inmortales…

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Acerca de princesschichina

Estoy en mis early-40’s, y por lo pronto pretendo –pues no siempre me resulta fácil ponerlo en práctica- vivir tranquila con mis concepciones de la vida, la función, las relaciones y el amor; concepciones que siento que al afinar y alinear más con mi verdadera esencia, cada vez se parecen menos a las de la gran mayoría de la gente. Rebelde desde siempre. Sin embargo también he visto que cada vez son más, aquellos que empiezan a pensar de una manera más crítica el propósito de su vida en este mundo. Podría decirse que hago parte de un grupo de la población que la 'masa' llamaría 'raro'. Nunca me he casado, y renuncié hace algunos años a una exitosa carrera corporativa en el mundo de las finanzas, para dedicarme a construir un proyecto empresarial en el área del Bienestar. En la función, un giro de ciento ochenta grados originado en un deseo de independencia que desencadenó en una intensa y apasionada búsqueda de libertad en todos los aspectos de la vida. En el amor, soltera, por romántica empedernida. No me voy a transar sino por lo que siempre he soñado. Adentrarme en estos caminos ha exigido grandes desafíos, entre otros, porque me ha tocado buscar paz y equilibrio en el bamboleo de cómo me he movido en este mundo: un sibarita en su búsqueda espiritual! Todo esto ha significado un proceso -vivido con mucha intensidad- de buscar más conscientemente lo que realmente soy en la esencia. Este blog busca compartir ideas y sentimientos en relación con todas estas vivencias, donde sin duda muchos se verán identificados.
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2 respuestas a Vivir la vida como maratonista

  1. R Mora dijo:

    Te felicito Diana, tanto a ti por haber corrido la media maraton como por el contenido de tu blog. Voy a leer el libro…

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