Adicciones o… De víctimas y victimarios

Uno de los entendimientos propios más conmovedores e importantes que he tenido recientemente, empezó a gestarse hace unos meses en una conversación que escuchaba,  entre amigos -una pareja y una madre soltera-, cada uno de ellos con hijos adolescentes hombres. La pareja hablaba con gran congoja al ver cómo una muchachita le estaba ‘dando tres vueltas a su hijo’… con una gran carga emocional la trataban de manipuladora, y en ese momento comprendía que -con toda razón- no tuvieran un gran aprecio por la niña… Misteriosamente, empecé a conmoverme hasta las lágrimas al escuchar la historia, y sin entender mucho, pensé que mis lágrimas eran porque en un nivel profundo había comprendido cuánto un padre/madre pueden sufrir por el dolor de sus hijos, y recordé a mi padre, que nunca se metió en mi vida a dar opinión alguna, hasta que la única vez que lo hizo sólo dijo “hay veces que uno se queda en relaciones que no van para ningún lado” y estaba claro para mí a qué se refería. Así es que pensé que aquel día con estos amigos padres de adolescentes, lo que me hacía llorar era cuánta tristeza podía haber sentido mi padre al verme sufrir tanto por aquel antiguo amor… Sin embargo, terminado el encuentro con los amigos, seguía conmovida y sentía que algo dentro de mí estaba sin resolver, y yo seguía llorando… hasta que entendí que la verdadera razón por la cual lloré… fue por mí.

Lloraba porque el enjuiciamiento que hacían de la muchachita que le estaba dando tres vueltas a su hijo, era el que me dolía… entendí que esa niña era mi propio reflejo… Así, al sentirme juzgada, lloré porque entendí que yo de alguna forma he ‘jugado’ ese papel… el de la mujer que sigue rondando a alguien, a través de mensajes de texto, de llamadas, de ser consentidora y pendiente…

La identificación me dolía porque claramente nunca lo he hecho malintencionadamente… ciertamente comprendí que esa actitud, es tan merecedora de compasión como la de los presuntos hombres ‘envueltos’.

Adicionalmente, leí recientemente un texto donde se hablaba de lo “mean of being kind”. El espíritu del texto se refería específicamente a que cuando uno es amable y dulce con alguien que realmente no aprecia esa amabilidad, es ‘malo’, pues le enseña al susodicho que las cosas lindas se pueden obtener aún no mereciéndolas, y en esa medida, promover eso, no es precisamente un acto amoroso o humanitario…

Así es que uniendo esas dos cosas, empecé a preguntarme si en esas ocasiones cuando, tras la ruptura de una relación,  yo los había ‘reconquistado’, en vez de haber sido la dulce mujer que los enamoró, no había sido una bruja, porque aún con el conocimiento de que él no podía ofrecer un mayor compromiso, por las razones que fuera, volvía a meterme en su vida y en su corazón… Sonaba a una venganza inconsciente…

Y desde fuera, parecería que el victimario era el personaje, que cuando tiene visos de conciencia se siente ventajoso, porque cree que él es el que está en una relación cómoda (o cómoda incomodidad), y que es él el ‘aprovechado’…

Nunca hay una víctima pasiva… es decir, nunca el único ‘innoble’ del paseo es el aparente victimario, la víctima es activa al permitir ‘dejarse hacer’ lo que le ‘hacen’. Y ciertamente, la presunta víctima, está todo menos pasiva… y en el caso del presente texto, porque de manera lenta, silenciosa y penetrante ella los sigue enredando… dándoles tres vueltas. Son los dos, innobles, al ser desleales consigo mismos, por no estar siguiendo lo que verdaderamente el corazón quiere.

Por eso, en esas situaciones donde aparentemente el sujeto de críticas es el tipo que no se compromete, porque es el inmaduro, el poco evolucionado, el miedoso…la otra no está jugando un papel pasivo… Si se atrae un miedoso, no hay sino una miedosa oculta del otro lado… no es sólo esa paciente y tolerante mujer que lo quiere tal y como es y por eso le acepta tantas cosas… No, no ha sido diáfana aceptación, sobre todo si en esa aceptación lo que ha habido es insatisfacción…. La imperturbable mujer es una controladora… Y de una controladora no puede decirse precisamente que ha amado limpio… Y que quede claro que no pretendo juzgar… hoy no tengo duda que nuestro proceso de evolución personal y espiritual, se trata de darnos cuenta de eso, de que nos falta aprender a amar limpio… genuinamente, desinteresadamente… amar sin esperar ser amados…

Amar desde el hacer –en vez de simplemente ser- es control puro, solo evidencia la insatisfacción en el amor propio: quiero que me ames, y como no estoy contenta con lo que eres conmigo, debe ser porque hay algo que tengo que hacer para que lo estés tú conmigo y así me ames, y la forma en que me lo demuestras es reconociéndomelo, por eso sigo haciendo más, para que me reconozcas más o para que en algún momento al fin me reconozcas!… Este ciclo exige invertir energía en hacer, hacer, hacer!… en el estudio, en la verraquera en el trabajo, en el sexo, en el escribir, en el deporte… siempre habrá nuevos ámbitos desde los cuales buscar ser reconocida…Si no se rompe el círculo, esto es de nunca parar… y de eso se trata una adicción, en este caso adicción al control. Y una forma de expresarlo es la adicción a la conquista y a la reconquista.

Así, todo cobra sentido! Cómo podría construirse una relación duradera, en la que los reflejos de dos, entre otras, evidencian miedo y necesidad de ser amados, porque no se han creído que podemos y que ya somos amados tal como somos? La eterna insatisfacción consigo mismo, la eterna búsqueda del hacer, se refleja en relaciones de querer estar y no estar, y en ruptura tras ruptura…

Increíblemente comprendí desde el corazón, que sí se puede decidir de manera genuina alejarse de alguien por su bien, y mejor aún por el bien propio… porque permite el espacio para la sanación de esas heridas que han generado tanto miedo… para sanarse de la adicción… y en ese proceso, prepararse, y una vez sanados –ahora sí- amar de manera cristalina, en libertad…

Hoy, al reconocer que debo sanarme, he entendido que apenas empieza mi aprendizaje en el amor incondicional…y doy gracias a Dios por este descubrimiento…

Acerca de princesschichina

Estoy en mis early-40’s, y por lo pronto pretendo –pues no siempre me resulta fácil ponerlo en práctica- vivir tranquila con mis concepciones de la vida, la función, las relaciones y el amor; concepciones que siento que al afinar y alinear más con mi verdadera esencia, cada vez se parecen menos a las de la gran mayoría de la gente. Rebelde desde siempre. Sin embargo también he visto que cada vez son más, aquellos que empiezan a pensar de una manera más crítica el propósito de su vida en este mundo. Podría decirse que hago parte de un grupo de la población que la 'masa' llamaría 'raro'. Nunca me he casado, y renuncié hace algunos años a una exitosa carrera corporativa en el mundo de las finanzas, para dedicarme a construir un proyecto empresarial en el área del Bienestar. En la función, un giro de ciento ochenta grados originado en un deseo de independencia que desencadenó en una intensa y apasionada búsqueda de libertad en todos los aspectos de la vida. En el amor, soltera, por romántica empedernida. No me voy a transar sino por lo que siempre he soñado. Adentrarme en estos caminos ha exigido grandes desafíos, entre otros, porque me ha tocado buscar paz y equilibrio en el bamboleo de cómo me he movido en este mundo: un sibarita en su búsqueda espiritual! Todo esto ha significado un proceso -vivido con mucha intensidad- de buscar más conscientemente lo que realmente soy en la esencia. Este blog busca compartir ideas y sentimientos en relación con todas estas vivencias, donde sin duda muchos se verán identificados.
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4 respuestas a Adicciones o… De víctimas y victimarios

  1. Lorena Culma B. dijo:

    Como me encantan tus escritos!!! No me creerás, pero necesitaba justo lo que comentas tan solo un día antes!!! :/ …. Un abrazo!

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  2. Gloria dijo:

    Qué bueno que hayas retomado la escritura, lo haces muy bien. En cuanto al tema; en la relación no debe convertirse en una adicción, debe tomarse de manera simple, elemental, sin ataduras ni dependencia ni manipulación.

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