De Directores de Orquesta y de Héroes

Filarmónica Joven de ColombiaUna de las resoluciones propias recientes es en el sentido de vivir más en la medida de la disponibilidad y posibilidades de hoy, el tipo de fantasías del mañana, que he dicho que tengo “para cuando tenga más dinero”. Por ejemplo, un día quiero estar en capacidad de decirle a mis amigas con quienes compartimos el gusto por la ópera, “Mijitas, reserven el siguiente fin de semana, que nos vamos al Metropolitan Opera House de Nueva York. Yo invito.”

Así, pensé, por qué esperar a que yo pueda invitar a Nueva York? Por qué no hoy? Por qué no en Bogotá? Por qué no a tantos lindos eventos, en escenarios tan espectaculares como el del Teatro Julio Mario Santo Domingo, con espectáculos de categoría internacional y por precios increíblemente accesibles?

Por eso, hace algunos días invité a una de mis más antiguas amigas de la vida (25 años juntas!!!) a un concierto de la Filarmónica Joven de Colombia, dirigida por Andrés Orozco, el “Director colombiano más reconocido en el mundo.” Los detalles parecen esnobistas, y puede que sí (je je), pero ponen en contexto esta publicación.

Fue una linda noche, por el delicioso sentido de gratificación que produce hacer un regalo o una invitación, por la compañía y por el momento que quedará atesorado en nuestros recuerdos.

Al final, una bonita y también divertida reflexión del concierto, nos llevó a decir -dado el gusto compartido que tenemos con mi amiga, por la escritura-, y por qué no compartimos la forma en que cada una de nosotras vivió el evento?

A continuación, el texto de Carolina, seguido por una corta reflexión propia, que cierra la idea que introdujo este post.

Roberto va acompañado por una mujer bonita, de estatura mediana y vestimenta sencilla. Toma su puesto en platea, y desde que suena la primera nota el silencio de la pareja permanece hasta el final. Roberto escucha concentradamente. Identifica claramente el género al cual cada una de las obras pertenece, aprueba el profesionalismo de los músicos, confirma las tonalidades, si son mayores, o menores, si es andante, piano o adagio, tararea en su mente tal vez algunos de las fracciones conocidas y escucha. Es músico.

Tatiana intenta tratar de entender aquella música contemporánea que poco la apasiona pero que definitivamente quiere entender. Se sorprende admirando la armonía visual de los violinistas que se mueven simultáneamente como una ola al compás de la melodía, el perfecto atuendo de todos los músicos totalmente uniforme incluyendo los tenis, y sus cordones, y la liviandad que aquellos le dan a los jóvenes músicos. Con aquella música imagina una pantalla de televisión con los personajes de Tom y Jerry, y luego, a Mikey Mouse y a Tribilín. Poco después se autorreprende, aquella música es más que un fondo de películas animadas, eso quiere creer. Ni que lo sepa Roberto.

En mi caso particular, me declaro amante de la música. Muchas melodías me han sacado lágrimas, me han producido escalofríos y me han llevado a instantes sublimes. La contemporánea, todavía no, pero por ejemplo, el concierto de Aranjuez sí. Recuerdo una vez que al escucharlo, entendí lo que el autor quiso decir, sentí la guitarra llorar, y a los violines acompañarla en su pena. La entendí no como una historia, ni como algo que se pueda describir con palabras, más bien como la emanación de varios sentimientos y emociones que un hombre quiso expresar en algún tiempo, y que logró perpetuar a través de la combinación perfecta de unas notas musicales. Eso intento hacer cuando voy a un concierto. Trato de escuchar realmente, de sentir sin pensar y tratar de extraer el alma de la melodía. De sumergirme en los sonidos y tratar de percibir lo que el autor trató de transmitir con el lenguaje de su alma. Muy fácil me resulta aquello cuando bailo una buena salsa. No es tan fácil, por lo menos para mí, cuando se trata de obras contemporáneas, y no precisamente Tchaikovsky.Creo, que en ciertos momentos del concierto, lo logré, sentí la majestuosidad de cierto episodio, algunas angustias de las flautas y la belleza de la vida a través de los violines, llegando a lo sublime con aquella nota tan aguda que casi llegaba a los niveles insonoros para el oído humano. Pero en otros instantes llegaba la amañada racionalidad, que en todo quiere entrometerse y participar, y se encargaba de revisar que los movimientos del director tuvieran una relación perfecta con la música que trataba de escuchar, y más tarde, se ponía a recordar eventos pasados, sí, tal vez relacionados con la música.

En cuanto al director -a cualquier buen director, la verdad- me parece totalmente admirable entendiendo las grandes habilidades que demanda su cargo, no solo por la sutilidad de su oído, sino por los niveles de liderazgo y de expresión corporal -que sacada de contexto hasta parece cómica- que desarrolla. Cada movimiento, que me imagino es más espontáneo que preestablecido por convenciones, incita a extraer de cada músico lo mejor de sí y crear un entusiasmo colectivo que desenvuelve la obra de una manera especial. Mi admiración es porque aquellos movimientos simplemente reflejan de manera pura la expresión de su esencia. En ese instante se muestran en el clímax de la expresión de su ser, en éxtasis total de su pasión. (Envidiable, un director y la mayoría de los músicos trabajan en su pasión…)

Y en cuanto a los recuerdos que traía mi mente, llegó un profesor, que comparaba la vida humana con una sinfonía, donde cada uno de nosotros hacemos parte de un perfecto engranaje donde Dios es el director. Cada uno de nosotros tenemos una partitura, pero de manera armónica con las de los demás. Algunas veces, hay ‘silencios’ en nuestra vida. Y está bien. En ese momento observé al joven de los timbales. Y al de los tambores. “Y esos manes qué!!!!” Muchos silencios…En un concierto de dos horas, por mucho tocaron tres veces. Y les gusta…A algunos en este planeta les tocan silencios muy largos…Pero el tambor cuando participa, potencia a los demás instrumentos, y lo hace en el momento de mayor pomposidad. Tal vez la misión de algunos de nosotros sea solamente esperar para participar en un precioso instante…

Después de que mi vocecita interior me recordara que no debía estar pensando sino más bien realmente escuchando, recordé al señor Suzuki, gran músico e inventor del método de aprendizaje musical que lleva su nombre. Leí su libro, Hacia la música por amor. Su nivel de percepción musical era tan alto, que evaluaba a sus alumnos a través de grabaciones, y en ellas podía reconocer quién tocaba, su estado de ánimo, e inclusive su personalidad. Lo mismo le ocurría con cualquier músico, le conocía completamente a través de su interpretación.

Finalmente, creo que en un punto de evolución, cada vez más, la humanidad consumirá más arte, y dejará de consumir tantos “productos”, pero ese será otro tema.

Todo esto lo comenté con Diana, quien me invitó al concierto y a quien aprovecho para agradecer: por la invitación, y por permitirme expresar todo lo que de allí salió, incluyendo el proyecto de escribir juntas acerca de este evento, tarea que gustosamente acabo de concluir. Namaste.

Gracias Carito!

Para concluir, mi reflexión fue en torno a una de las obras presentadas. Era un poema sinfónico llamado Una vida de héroe, de Richard Strauss. La pieza tiene seis secciones que representan un tema específico respecto del héroe protagonista, y cada sección estuvo hermosamente ilustrada para seguir con mayor facilidad la obra: (i) el héroe, “representado en su sensitividad, inteligencia, ambición y determinación” (1), (ii) los adversarios del héroe, “identifican las dudas, los temores e inseguridades que enfrentamos en nuestras conquistas, (iii) la compañera del héroe, “es en esta relación tan compleja y apasionada donde nuestro héroe encuentra su principal fuente de inspiración y coraje.”, (iv) las proezas del héroe frente a las adversidades, “Lucha, inspiración y triunfo marcan los logros de esta sección.”, (v) el retorno de nuestro héroe a su genio creativo y (vi) descanso del héroe y su retiro del mundo, “sugiere por momentos una recolección de sus adversarios y sus muchas dificultades, pero son finalmente la compañía de su amada y sus logros personales quienes prevalecen. En una escena brillantemente lograda, Strauss ilustra la dignidad y serenidad alcanzada por nuestro héroe.”

Al sentir la música y al fondo ver las ilustraciones, no pude dejar de pensar: “Hasta a Strauss le pasa lo mismo que a mí!… Que al final es lo que le pasa a cualquiera en el viaje de la vida!”… Me sentí acompañada. Sin duda, todos vivimos las mismas seis piezas en nuestras vidas… Sin duda, somos el héroe de nuestras propias vidas! Me encantó!

Y a propósito de héroes, aprovecho para hacer una corta referencia a mi recientemente fallecido abuelito -a sus ciento un años-. Referencia corta en este caso, puesto que su historia y la de la abuela son materia prima que merecen todo un texto completo.

Hoy el sacerdote en el sepelio dijo que con su muerte, mi abuelo cierra su misión en la vida. Y me siento agradecida porque él haya hecho parte de la mía. Él ha dejado profunda huella. Es un ejemplo de valentía, desde que dejó un día su natal San Pablo, Nariño, con su esposa y un par de chiquitos, para venir a conquistar la gran Bogotá, aventura que dejara un legado de seis hijos extraordinarios, uno de ellos mi padre.

Las historias de vida de los abuelitos y la de mi padre, son perfecto reflejo de una frase que vine a encontrar acá en Popayán el día del funeral del abuelo, y que comparto con orgullo porque sin duda atesoro la herencia que me han dejado: “La mayor herencia que un padre puede dejar a sus hijos es el ejemplo de que el éxito siempre es posible“.

Que nuestros actos heroicos incluyan vivir una vida que permita dejar esta herencia!

(1) Las comillas que describen las seis piezas de la obra, son extractadas del programa del Concierto.

Acerca de princesschichina

Estoy en mis early-40’s, y por lo pronto pretendo –pues no siempre me resulta fácil ponerlo en práctica- vivir tranquila con mis concepciones de la vida, la función, las relaciones y el amor; concepciones que siento que al afinar y alinear más con mi verdadera esencia, cada vez se parecen menos a las de la gran mayoría de la gente. Rebelde desde siempre. Sin embargo también he visto que cada vez son más, aquellos que empiezan a pensar de una manera más crítica el propósito de su vida en este mundo. Podría decirse que hago parte de un grupo de la población que la 'masa' llamaría 'raro'. Nunca me he casado, y renuncié hace algunos años a una exitosa carrera corporativa en el mundo de las finanzas, para dedicarme a construir un proyecto empresarial en el área del Bienestar. En la función, un giro de ciento ochenta grados originado en un deseo de independencia que desencadenó en una intensa y apasionada búsqueda de libertad en todos los aspectos de la vida. En el amor, soltera, por romántica empedernida. No me voy a transar sino por lo que siempre he soñado. Adentrarme en estos caminos ha exigido grandes desafíos, entre otros, porque me ha tocado buscar paz y equilibrio en el bamboleo de cómo me he movido en este mundo: un sibarita en su búsqueda espiritual! Todo esto ha significado un proceso -vivido con mucha intensidad- de buscar más conscientemente lo que realmente soy en la esencia. Este blog busca compartir ideas y sentimientos en relación con todas estas vivencias, donde sin duda muchos se verán identificados.
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